El Diario
cultura - Entrevista a
Carlos
Gazzera
Director
de la Editorial
Universitaria
Villa María
En reunión
con José Luis Volpogni, director de la editorial de la Universidad
Nacional del Litoral y autoridades de la UNVM
Feria del Libro
2008
(Primera parte)
- Textos de Darío Falconi
Fotos de la
Feria del Libro por Pablo von Düring (UNVM)
eldiariocultura@gmail.com
Había
abandonado la ciudad por segunda y definitiva vez en 1988, aunque nunca
imaginó que las vueltas de la vida no dejarían de vincularlo
a su ciudad natal. Si bien volvía esporádicamente a Villa
María para visitar a su madre y amigos, no lo haría con tanta
frecuencia hasta 2003. Había obtenido por concurso un cargo auxiliar
en la UNVM y por ese motivo se trasladaba desde la Capital de la provincia
para dictar clases en el (por aquel entonces) Profesorado en Lengua Castellana.
Sin embargo, no se contentaría solamente con el desarrollo de esa
función, si hay una palabra con la que lo pudiese definir a Carlos
Gazzera, esa sería inquieto. Su amplia capacidad creadora y organizadora
lo hacen inmiscuirse en los distintos astros del orbe cultural. Carlos,
es un preocupado por generar esos espacios donde se puedan difundir los
proyectos, confrontar las ideas, mostrar lo que se produce en frente de
nuestros ojos pero que muchas veces no podemos ver. Decía que es
un inquieto, ya que además del dictado de las clases en Villa María,
comenzó a organizar charlas y debates, presentaciones de libros,
se metió en nuestro diario y retomó el suplemento cultural
que muchísimos años dirigió el eterno Bernardino Calvo,
proyectó el primer libro de rock de la ciudad y tantas otras actividades
que, quizás inconscientemente, actuaron de excusas para volver a
solidificar ese vínculo con la ciudad.
Cuando a finales
del año pasado comenzó a esbozarse la idea de crear una editorial
universitaria, las miras de las autoridades de la UNVM fueron puestas en
él, por su sapiencia en las cuestiones editoriales. Carlos, es magister
en Comunicación y Cultura Contemporánea en el Centro de Estudios
Avanzados (UNC); se encuentra cursando una maestría, dirige proyectos
de investigación relacionados con la literatura de la provincia
de Córdoba, fue docente de letras de la UNC y de la UNVM. Se desempeñó
como periodista cultural desde 1992 hasta hace meses en las páginas
de La Voz del Interior, también colaboró asiduamente en La
Gaceta de Tucumán. Desde 2004 a 2006 fue coordinador de EL DIARIO
Cultura de este medio. Colaboró en múltiples revistas culturales.
Integra los Consejos de Redacción de las revistas académicas:
INTI (Providence Collage, EE.UU.) y La Pecera (Mar del Plata). Sus trabajos
de crítica literaria han sido publicados en EE.UU., Italia, Brasil,
Israel, España y México. Entre 1995 y 2001 dirigió
la revista-libro “TRAMAS, para leer la literatura argentina”. Sus últimos
libros son: “Fragmentaciones. Poesía y poética de Alejandro
Schmidt” (2003) en colaboración con María Teresa Andruetto,
“Panorama de la literatura brasileña” (2004), “Ficciones del Horror”
(2006) con Carlos Surghi y “rock_vm. El rock de Villa María en el
nuevo milenio” (2007) con José Azocar y quien escribe estas líneas.
Empapado de
todo lo referente a las cuestiones editoriales, decidió aceptar
un desafío trascendente que posee dos caras, por un lado, el mérito
por su intensa labor cultural y por el otro, un compromiso enorme para
con el destino de una universidad en crecimiento y la cultura de este pueblo.
La Editorial Universitaria Villa María (Eduvim) fue creada por el
voto unánime de los miembros del Consejo Superior de la UNVM y fue
presentada en el marco de la VII Feria del Libro realizada el mes pasado,
con un foro de editores y editoriales universitarias del país, en
medio de cortes de ruta producto del “conflicto campo-gobierno”. Con un
par de meses de vida la Eduvim ya posee dos títulos publicados y
se prevé un importante número de textos para esta segunda
mitad del año.
Desde estas
páginas convocamos a su director Editorial para que nos cuente (en
dos entregas) sobre este emprendimiento inédito en la ciudad.
—¿Cuándo
tomó conciencia de la necesidad de una editorial en Villa María?
—Yo diría
que la cuestión de la existencia de una editorial no pasó
nunca ni por mi ocurrencia ni por mi voluntad. Creo que el planteo de la
existencia de una editorial es el resultado de una maduración socio-cultural
de la propia Villa María-Villa Nueva. Y como en muchos otros casos
en la historia de las sociedades, es el Estado el que tiene que dar el
impulso inicial. Villa María necesitaba, desde hacía un tiempo
ya, la creación de un espacio editorial que no sólo retuviera
en la ciudad las publicaciones de los libros que nuestros autores e intelectuales
producen sino que también se constituyera en un verdadero sitio
desde el cual fuera posible patrocinar, alentar e incentivar la publicación
en forma de libros. Por eso digo que no se trató ni de una ocurrencia
ni de una iniciativa personal. Sí diría que hubo una voluntad
política en un sector de la dirigencia cultural de la ciudad que
vio que la creación de una Editorial era ya una necesidad insoslayable.
En esa dirigencia destaco la voluntad política del rector de la
UNVM, Martín Gill, de los funcionarios de la Universidad Nacional
de Villa María que supieron impulsar un proyecto que fue votado
por unanimidad por el Consejo Superior. Lo mío se resume a un simple
trabajo profesional. Para mí, en lo personal, es un gran desafío,
pero también un verdadero orgullo que, como villamariense, esa dirigencia
se haya fijado en mi trayectoria, en mi currículum, para confiarme
esa responsabilidad.
—¿Qué
significa ser una "editorial universitaria"?
—Significa
asumir la vasta trayectoria que las Editoriales Universitarias han tenido
para la historia cultural y social de nuestro país. Desde EUDEBA
(Editorial Universitaria de Buenos Aires) hasta Editoriales Universitarias
como la de la Universidad del Litoral (Santa Fe), muchos libros que hoy
integran el acervo cultural del país y del mundo no hubieran sido
publicados. Pienso en dos ejemplos claves de la cultura argentina en el
mundo y que tienen a estas dos editoriales como protagonistas: el Martín
Fierro de José Hernández con las ilustraciones del maestro
Castagnino (Eudeba, 1962) o bien las Obras completas de Juan L. Ortiz (Litoral,
1996). Una Editorial Universitaria significa colocar la masa de recursos
intelectuales, críticos y económicos de la Universidad al
servicio de la comunidad que la sostiene. Significa el más contundente
puente de vinculación entre comunidad académico-científica
con la sociedad civil.
—¿Cuál
es la situación actual que atraviesan las editoriales de las casas
de altos estudios?
—Nuestro modo
de presentarnos en la sociedad como Editorial fue patrocinando un evento
de tipo académico cultural: un Foro de Editores y Editoriales Universitarias.
Allí pudimos colocarnos en un debate nacional que parece estar comenzando.
En sintonía con el debate que viene desarrollando la comunidad académica-científica
en argentina sobre los modos de hacer ciencia, las formas en que las Universidades
desarrollan conocimiento, el valor que las investigaciones tienen en el
seno de la Universidad, sumado a los debates sobre cómo cuantificar
los impactos sociales que esas investigaciones tienen en nuestra comunidad,
los Editores de las Editoriales Universitarias comenzamos a preguntarnos
qué tipo de libros debemos hacer. ¿Los libros que quieren
nuestros docentes y nuestros investigadores son los libros que necesitamos?
¿Cuál es el límite o parámetro? ¿Importa
o no importa el mercado? ¿Cuál es el mercado de nuestros
libros? ¿Qué hacemos frente a ese mercado?
—¿Cómo
es el panorama editorial que usted ve en nuestra ciudad?
—En Villa
María hay un mínimo e incipiente panorama editorial. Es muy
pequeño pero es interesante que exista. De ese estadio hay que salir
para crecer. Tengo para mí la esperanza de que Eduvim genere con
su onda expansiva una movida editorial en Villa María. Estaría
muy bien si en un par de años Eduvim hubiera fomentado la existencia
de otras Editoriales en la ciudad y la región, y lo que es mejor
aún, alentado la mejora de calidad en la producción de libros.
Nuestra Editorial Universitaria no puede pensarse fuera de una escala nacional.
No puede ser de otro modo. Nuestra Universidad Nacional nos exige ciertos
parámetros de comparación con editoriales de otros lugares
del país y nos impulsa a ser una Editorial con un nivel de desarrollo
comparable a la de Buenos Aires, Litoral, Jujuy, Mar del Plata, Quilmes,
Córdoba, Río Cuarto, etcétera. Tengo la certeza de
que ese nivel que puede aportar Eduvim contribuirá a elevar los
indicadores no solo de producción de libros en la ciudad sino también
de calidad. Esto seguramente será posible si todo el círculo
que hay alrededor del libro tiende a completarse: por ejemplo, que algunas
de las imprentas de Villa María con una clara capacidad de modernización
se decidan a darle al rubro del libro una importancia que hasta aquí,
al parecer, no le han dado y realicen algunas inversiones, implica también,
la toma de conciencia de profesionalizar los recursos humanos que la ciudad
tiene: que los editores asuman riesgos y contribuyan a formar un espacio
profesional de la edición, generando también un mercado interno
de libros con colecciones económicas, donde los libros salgan corregidos
y con diseños atractivos más allá del mercado interno.
Para completar rápidamente el panorama: más libreros, más
lectores, más periodismo especializado…
—¿Qué
opinión le merecen las ediciones de autores muy comunes entre los
escritores locales?
—Las ediciones
de autor son algo muy valioso: muestran el convencimiento que ese autor
ha tenido en su obra. Prefiero una obra de autor, con limitaciones, con
errores, con defecciones y no el autor inédito por siempre. Sin
embargo, las ediciones de autor tienen un gran problema y es que detienen
el crecimiento de un mercado editorial. Por lo general el autor hace su
edición, trata de vender unos pocos libros para pagar la edición
y después, inunda el mercado con libros regalados. Y entonces, todo
el convencimiento que tenía en un primer momento de sacar su libro,
de poner dinero de su bolsillo para que el libro saliera, lo derrocha ahora
cuando lo termina regalando. La próxima vez los que pagaron por
el libro van a decir, “para qué voy a pagar por el libro de tal
si después de un tiempo me lo regala…” Los autores no deben regalar
libros. Los autores deben fomentar que sus libros se vendan. Como Editor
pretendo que los autores no regalen sus libros y yo, como contrapartida
quiero garantizarles a los autores que sus libros saldrán a precios
razonables… Mi desafío es que los libros de Eduvim sean accesibles
a la gran mayoría de los lectores.
—¿Cuál
es la estructura actual y cuál la que proyecta Eduvim?
—La estructura
de Eduvim es aún mínima. Sin embargo, tampoco pienso en una
estructura sobredimensionada. Pienso que hay que ser responsable del uso
que le damos a los dineros públicos. En ese sentido, sostengo que
desde la UNVM debemos potenciar los recursos humanos que tenemos para que
la ecuación sea: producir con los mínimos de los recursos
los máximos resultados. Eduvim debe dar muestras de una eficiencia
no sólo económica sino de responsabilidad institucional.
Eduvim tendrá una estructura de coordinación y de producción
mínima y potenciará a través de la tercerización
todos los trabajos que son inherentes a la publicación de libros.
—¿Dónde
se imprimirán los textos?
—Como usted
sabe, la administración del dinero público tiene mecanismos
muy estrictos de control. Nuestro desafío es reunir la justa proporción
entre calidad y precio. Con el desarrollo tecnológico del mundo
de la impresión, no tiene sentido que la UNVM invierta dinero en
máquinas para imprimir. Tenemos a mano muy buenas imprentas del
Estado y muy buenas empresas en Córdoba y Buenos Aires que nos garantizan
calidad y costos razonables. Mi deseo es que las industrias del rubro en
Villa María inviertan y se coloquen a niveles operativos similares
a los de Buenos Aires y Córdoba. Sabemos que si bien esas grandes
industrias gráficas de Buenos Aires y Córdoba están
en mejores condiciones de brindarnos precios y calidad, estamos dispuestos
a apoyar emprendimientos regionales que se acerquen a nuestras necesidades.
Vengo de La Rioja: hace diez años allá no se hacía
más que fotocopias y duplicaciones defectuosas. Cuando había
que imprimir un libro, los autores se venían a Córdoba. Hace
unos seis o siete años se creó la ley del libro y la industria
gráfica de la ciudad creció de tal manera que no tiene nada
que envidiarle a Córdoba, Rosario o Tucumán. Espero que en
Villa María eso ocurra en la próxima década. El desafío
está planteado. |
Transitando
los caminos de la historia - Nota Nº 137
Adiós
al historiador Ricardo Capdevila |
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Escribe:
Jesús Chirino
Hace pocas
horas llegó la triste e inapelable noticia. El día 9 de este
mes, en el cual se celebra el día del amigo, murió el historiador
antártico Ricardo Capdevila.
Nació
el 3 de agosto, hace 72 años, en Villa María. Durante algunos
años de su infancia correteó por las calles de la vecina
Villa Nueva. Si bien hacía más de treinta años que
se había radicado en la localidad de Ituzaingó, provincia
de Buenos Aires, nunca dejó de visitar sus queridas ciudades cordobesas.
Solía recordar con orgullo que, por parte de su mamá Asunción
Reyno, era nieto de de Manuel Reyno, quien fuera intendente de nuestra
ciudad entre 1910 y 1913.
Contacto
con la Antártida
Ricardo estudió
en la Universidad de Buenos Aires graduándose de abogado, pero desde
la juventud se relacionó con la Antártida.
Cuando cumplía
con el servicio militar obligatorio le tocó ejercer como ayudante
científico en las heladas aguas de la Antártida Argentina.
La pasión por aquella especial geografía lo atrapó
de manera tal, que ni el temor vivido en un grave accidente sufrido allí
empalideció su amor por el suelo antártico. Sabía
contar aquel percance mencionando que, como huella, le había dejado
cierto temor a los lugares cerrados. Decía que siendo soldado se
había caído en una grieta de los hielos antárticos
debiendo permanecer allí por el lapso de 14 horas, hasta que lograron
rescatarlo. Quién sabe qué tipo de pacto hizo en aquellas
congeladas profundidades que a pesar de tener una operación de cadera,
problemas en las rodillas y los años que se iban sumando, nunca
dejó de visitar el gélido paisaje. Su última visita
a los hielos del sur la realizó en enero de 2007. En octubre se
enfermó.
Dos villamarienses
antárticos
Con el tiempo,
aquel joven soldado pasó a ser toponimista en el Servicio de Hidrografía
Naval. Luego de investigar el origen de los nombres de diferentes lugares
geográficos de la Antártida, redactó y publicó
el primer tomo de la Toponimia Antártica Argentina, cuya edición
estuvo a cargo de ese organismo.
Es indudable
que el blanco de aquel paisaje había cautivado para siempre los
sentidos de este cordobés que ataría su vida al estudio de
esa increíble geografía. Pero la Antártida hacia años
había enamorado a otro villamariense que estudiaría sus hielos.
Era el glaciólogo César Augusto Lisignoli quien nació
en nuestra ciudad en el año 1915.
En 1981, año
en que murió Lisignoli, se inauguró en Villa María
el Museo Antártico de la ciudad que llevaría el nombre del
glaciólogo. Ricardo Capdevila fue una de las principales personas
que sumó su esfuerzo para que la ciudad contara con un Museo Antártico.
El científico
Ricardo fue
un destacado estudioso de la realidad antártica, entre las tantas
funciones que ejerció podemos recordar que fue profesor, investigador,
representante científico y director del Instituto Antártico
Argentino. Este hombre sencillo, de sonrisa amplia y mano extendida para
los amigos, también fue curador del Museo Antártico Argentino
durante más de 20 años.
Quizás
una de las tareas que más le apasionó en su carrera, fue
la preservación de algunos lugares en la Antártida Argentina
considerados “Monumentos Históricos”. La restauración y el
mantenimiento de los mismos es recomendada en las disposiciones del Tratado
Antártico. Nuestro país logró cumplir con su responsabilidad
en relación a la preservación de esos lugares mediante
el trabajo del equipo que integraba Capdevila.
Uno de esos
lugares está en la isla Cerro Nevado. Más al sur, la cabaña
de madera donde invernaron durante dos años el sueco Otto Nordenskjöld
y el argentino José María Sobral junto a cuatro compañeros,
en los años 1901-1903.
Otro lugar
de cuya preservación se ocupó Capdevila es la cabaña
de piedra que ocuparan los náufragos del barco “Antartic”, aprisionado
en los hielos cuando se dirigían a relevar la expedición
de Nordenskjöld.
Un gran
historiador
Ricardo Capdevila,
padre de cinco hijas mujeres y un varón, fue distinguido por el
Gobierno de Suecia con el título de “Caballero de la Orden de la
Estrella Polar”.
También
fue presidente del Instituto de Investigaciones Históricas de Tierra
del Fuego y Secretario Permanente de los Encuentros de Historiadores Antárticos
Latinoamericanos. A lo largo de su prolífica carrera escribió
numerosas obras entre las que se pueden mencionar “Islario”, “Argentina
en la Antártida” (Tomo I), “Antártida, más allá
del fin del mundo”, “Argentina en la expedición sueca del Dr. Otto
Nordenskjöld”. Junto al historiador Santiago Comerci publicó
“Historia Antártica Argentina”; “Historia del Instituto Antártico
Argentino” y “Orcadas del Sud, 80º aniversario”.
En las obras
de Capdevila puede notarse la labor del erudito en el tema y la dedicación
puesta de manifiesto en el trabajo de campo que le llevó a revelar
documentos sobre la historia del continente blanco que no eran conocidos.
Su dilatada
y prestigiosa carrera hizo que se lo considere uno de los científicos
que más ha trabajado en relación al desarrollo de la historia
antártica argentina.
El adiós
En los últimos
años, cuando visitaba Villa María en su calidad de curador
de los Museos Antárticos, se apenaba por el deterioro que iba resintiendo
el Museo Antártico que se había fundado con el nombre de
glaciólogo Lisignoli, a quien él calificaba como un “héroe
nacional de los antárticos”. En una de esas visitas, en agosto
de 2002, EL DIARIO publicó una nota donde hablaba de su dolor
por el poco interés que el Gobierno municipal ponía de manifiesto
por el museo.
Según
el mismo Capdevila, el Gobierno municipal había pedido apoyo para
que tres periodistas locales viajaran a la Antártida, pero “no se
ocupaba de mantener en condiciones la sala".
En ese tiempo
el abogado Aldo Paredes, funcionario municipal, le había dicho “que
haría todo lo posible por rearmarlo" (al museo). Cosa que nunca
hizo. Luego vendrían más entredichos con otros funcionarios
municipales, como Rubén Ruedi, pero la sala del museo se fue convirtiendo
en un depósito donde se apilaban objetos.
Ricardo Capdevila
ya se ha marchado, el Museo César Augusto Lisignoli también
ha desaparecido físicamente y ya no está en ningún
lugar.
Ricardo, que
en vida fue un historiador dedicado a su trabajo, nunca habría querido
escribir la muerte de una de las pocas salas museística sobre la
Antártida que existían en Argentina.
En esta nota
le decimos adiós a quién nunca más le podremos estrechar
la mano, quizás algún día podamos recorrer la sala
de un Museo Antártico reorganizado. |
El Diario
viajero - Destinos - España - Madrid
El umbral
de Europa
La capital
española es la puerta de entrada para la mayoría de los latinoamericanos
que se dirigen al viejo continente. Desde esta plataforma, la admiración
se multiplica. Una ciudad extraordinaria, colmada de bellezas y tradición
ibérica
Escribe
Pepo Garay
Especial para
EL DIARIO
Barajas es
un monstruo. El principal aeropuerto de España tiene dimensiones
sorprendentes. Es casi una ciudad dentro de otra. Sus cuatro terminales
ocupan una superficie de un un millón de metros cuadrados, convirtiendo
al establecimiento en uno de los mayores del mundo en su tipo.
Todos los
días, miles y miles de pasajeros de alrededor del globo llegan y
salen, despegan y aterrizan, vienen y van. La ajetreada cotidianeidad encierra
una significación especial: aquí se erige la puerta de entrada
para la mayoría de los latinoamericanos que visitan Europa. El umbral
del viejo continente, por lógica, es el encargado de comenzar a
echarnos en cara todo el desarrollo y el poderío de aquellas tierras,
hoy no tan lejanas.
Azorados frente
a las primeras diferencias, tomamos el metro hacia el centro de la ciudad,
distante a 12 kilómetros de allí. La velocidad y la comodidad
del convoy reducen las distancias de manera sustentable. Todo a nuestro
alrededor parece funcionar de maravillas. No quedan dudas: estamos en el
primer mundo.
El listado
interminable
Pero además
de deslizar síntomas del progreso europeo, Madrid ofrece una serie
de atractivos históricos de invalorable interés. Desde el
mismo epicentro de la península ibérica, la ciudad se encarga
de administrar un surtido de reliquias para coleccionar en la memoria.
De bastión
de los Austrias, con sus grandes monumentos típicos del siglo XVI,
al neoclasicismo imperante en el XVIII, con reformulaciones propias del
modernismo global. La metrópolis abarca gamas muy variadas, estampadas
a lo largo del espacio central. La Puerta del Sol, célula del encanto
madrileño, conforma el terreno ideal de la capital. Sus meritos
se concentran en la galanura del entorno, ambientado con edificios sublimes,
como la Casa de Correos. Desde ese punto nacen callejuelas que se bifurcan
de manera uniforme por las adyacencias. La esencia española fluye
entre las peatonales, repletas de almacenes decorados con jamones y bares
de tapas.
Después,
la lista de objetivos del viajero se vuelve interminable: Plaza Mayor,
Fuente de la Cibeles, Palacio Real, Palacio de Comunicaciones, Plaza de
Oriente, y por supuesto, la célebre Puerta de Alcalá. Y eso
es solo el comienzo. En algunos momentos de la recorrida, pareciera que
el acopio de prodigios de Madrid es inagotable.
Un día
con los toros
Tarde soleada
en las Ventas. El público es puro bullicio, desplegado en los más
de 25 mil asientos que ofrecen los tendidos. Todo el mundo se pone de pie
para aplaudir a un señor de impecable apostura, que hace su triunfal
entrada impregnado de rojo y dorado. Ahora, el ingreso del animal se torna
inminente. Las banderas nacionales decoran orgullosas el escenario. El
aire huele a España.
Las Ventas
obliga la visita. Aquí también desborda el carácter
de la madre patria. La plaza de toros más grande del país
representa una importante porción de tradición local, a partir
de la fascinación por las corridas. Estas se desarrollan a lo largo
de casi todo el año, pero es durante la Feria de San Isidro (de
mayo a junio) que adquieren su punto álgido.
Más
a aya de estar a favor o en contra de la practica, es admirable la pasión
con la que los ibéricos viven estos acontecimientos. Vale la pena
tomar nota del suceso. Estar atento a cada detalle. Porque después
de uno minutos, el contagio será absoluto. Y el viajero, casi sin
darse cuenta, se habrá convertido en un madrileño más. |