Suplementos 
Domingo 20 de julio de 2008
El Diario cultura - Entrevista a
Carlos Gazzera
Director de la Editorial 
Universitaria Villa María
En reunión con José Luis Volpogni, director de la editorial de la Universidad Nacional del Litoral y autoridades de la UNVM
Feria del Libro 2008

(Primera parte) - Textos de Darío Falconi
Fotos de la Feria del Libro por Pablo von Düring (UNVM)
eldiariocultura@gmail.com

Había abandonado la ciudad por segunda y definitiva vez en 1988, aunque nunca imaginó que las vueltas de la vida no dejarían de vincularlo a su ciudad natal. Si bien volvía esporádicamente a Villa María para visitar a su madre y amigos, no lo haría con tanta frecuencia hasta 2003. Había obtenido por concurso un cargo auxiliar en la UNVM y por ese motivo se trasladaba desde la Capital de la provincia para dictar clases en el (por aquel entonces) Profesorado en Lengua Castellana. Sin embargo, no se contentaría solamente con el desarrollo de esa función, si hay una palabra con la que lo pudiese definir a Carlos Gazzera, esa sería inquieto. Su amplia capacidad creadora y organizadora lo hacen inmiscuirse en los distintos astros del orbe cultural. Carlos, es un preocupado por generar esos espacios donde se puedan difundir los proyectos, confrontar las ideas, mostrar lo que se produce en frente de nuestros ojos pero que muchas veces no podemos ver. Decía que es un inquieto, ya que además del dictado de las clases en Villa María, comenzó a organizar charlas y debates, presentaciones de libros, se metió en nuestro diario y retomó el suplemento cultural que muchísimos años dirigió el eterno Bernardino Calvo, proyectó el primer libro de rock de la ciudad y tantas otras actividades que, quizás inconscientemente, actuaron de excusas para volver a solidificar ese vínculo con la ciudad.
Cuando a finales del año pasado comenzó a esbozarse la idea de crear una editorial universitaria, las miras de las autoridades de la UNVM fueron puestas en él, por su sapiencia en las cuestiones editoriales. Carlos, es magister en Comunicación y Cultura Contemporánea en el Centro de Estudios Avanzados (UNC); se encuentra cursando una maestría, dirige proyectos de investigación relacionados con la literatura de la provincia de Córdoba, fue docente de letras de la UNC y de la UNVM. Se desempeñó como periodista cultural desde 1992 hasta hace meses en las páginas de La Voz del Interior, también colaboró asiduamente en La Gaceta de Tucumán. Desde 2004 a 2006 fue coordinador de EL DIARIO Cultura de este medio. Colaboró en múltiples revistas culturales. Integra los Consejos de Redacción de las revistas académicas: INTI (Providence Collage, EE.UU.) y La Pecera (Mar del Plata). Sus trabajos de crítica literaria han sido publicados en EE.UU., Italia, Brasil, Israel, España y México. Entre 1995 y 2001 dirigió la revista-libro “TRAMAS, para leer la literatura argentina”. Sus últimos libros son: “Fragmentaciones. Poesía y poética de Alejandro Schmidt” (2003) en colaboración con María Teresa Andruetto, “Panorama de la literatura brasileña” (2004), “Ficciones del Horror” (2006) con Carlos Surghi y “rock_vm. El rock de Villa María en el nuevo milenio” (2007) con José Azocar y quien escribe estas líneas.
Empapado de todo lo referente a las cuestiones editoriales, decidió aceptar un desafío trascendente que posee dos caras, por un lado, el mérito por su intensa labor cultural y por el otro, un compromiso enorme para con el destino de una universidad en crecimiento y la cultura de este pueblo. La Editorial Universitaria Villa María (Eduvim) fue creada por el voto unánime de los miembros del Consejo Superior de la UNVM y fue presentada en el marco de la VII Feria del Libro realizada el mes pasado, con un foro de editores y editoriales universitarias del país, en medio de cortes de ruta producto del “conflicto campo-gobierno”. Con un par de meses de vida la Eduvim ya posee dos títulos publicados y se prevé un importante número de textos para esta segunda mitad del año.
Desde estas páginas convocamos a su director Editorial para que nos cuente (en dos entregas) sobre este emprendimiento inédito en la ciudad.

—¿Cuándo tomó conciencia de la necesidad de una editorial en Villa María?
—Yo diría que la cuestión de la existencia de una editorial no pasó nunca ni por mi ocurrencia ni por mi voluntad. Creo que el planteo de la existencia de una editorial es el resultado de una maduración socio-cultural de la propia Villa María-Villa Nueva. Y como en muchos otros casos en la historia de las sociedades, es el Estado el que tiene que dar el impulso inicial. Villa María necesitaba, desde hacía un tiempo ya, la creación de un espacio editorial que no sólo retuviera en la ciudad las publicaciones de los libros que nuestros autores e intelectuales producen sino que también se constituyera en un verdadero sitio desde el cual fuera posible patrocinar, alentar e incentivar la publicación en forma de libros. Por eso digo que no se trató ni de una ocurrencia ni de una iniciativa personal. Sí diría que hubo una voluntad política en un sector de la dirigencia cultural de la ciudad que vio que la creación de una Editorial era ya una necesidad insoslayable. En esa dirigencia destaco la voluntad política del rector de la UNVM, Martín Gill, de los funcionarios de la Universidad Nacional de Villa María que supieron impulsar un proyecto que fue votado por unanimidad por el Consejo Superior. Lo mío se resume a un simple trabajo profesional. Para mí, en lo personal, es un gran desafío, pero también un verdadero orgullo que, como villamariense, esa dirigencia se haya fijado en mi trayectoria, en mi currículum, para confiarme esa responsabilidad.

—¿Qué significa ser una "editorial universitaria"?
—Significa asumir la vasta trayectoria que las Editoriales Universitarias han tenido para la historia cultural y social de nuestro país. Desde EUDEBA (Editorial Universitaria de Buenos Aires) hasta Editoriales Universitarias como la de la Universidad del Litoral (Santa Fe), muchos libros que hoy integran el acervo cultural del país y del mundo no hubieran sido publicados. Pienso en dos ejemplos claves de la cultura argentina en el mundo y que tienen a estas dos editoriales como protagonistas: el Martín Fierro de José Hernández con las ilustraciones del maestro Castagnino (Eudeba, 1962) o bien las Obras completas de Juan L. Ortiz (Litoral, 1996). Una Editorial Universitaria significa colocar la masa de recursos intelectuales, críticos y económicos de la Universidad al servicio de la comunidad que la sostiene. Significa el más contundente puente de vinculación entre comunidad académico-científica con la sociedad civil. 

—¿Cuál es la situación actual que atraviesan las editoriales de las casas de altos estudios?
—Nuestro modo de presentarnos en la sociedad como Editorial fue patrocinando un evento de tipo académico cultural: un Foro de Editores y Editoriales Universitarias. Allí pudimos colocarnos en un debate nacional que parece estar comenzando. En sintonía con el debate que viene desarrollando la comunidad académica-científica en argentina sobre los modos de hacer ciencia, las formas en que las Universidades desarrollan conocimiento, el valor que las investigaciones tienen en el seno de la Universidad, sumado a los debates sobre cómo cuantificar los impactos sociales que esas investigaciones tienen en nuestra comunidad, los Editores de las Editoriales Universitarias comenzamos a preguntarnos qué tipo de libros debemos hacer. ¿Los libros que quieren nuestros docentes y nuestros investigadores son los libros que necesitamos? ¿Cuál es el límite o parámetro? ¿Importa o no importa el mercado? ¿Cuál es el mercado de nuestros libros? ¿Qué hacemos frente a ese mercado?

—¿Cómo es el panorama editorial que usted ve en nuestra ciudad?
—En Villa María hay un mínimo e incipiente panorama editorial. Es muy pequeño pero es interesante que exista. De ese estadio hay que salir para crecer. Tengo para mí la esperanza de que Eduvim genere con su onda expansiva una movida editorial en Villa María. Estaría muy bien si en un par de años Eduvim hubiera fomentado la existencia de otras Editoriales en la ciudad y la región, y lo que es mejor aún, alentado la mejora de calidad en la producción de libros. Nuestra Editorial Universitaria no puede pensarse fuera de una escala nacional. No puede ser de otro modo. Nuestra Universidad Nacional nos exige ciertos parámetros de comparación con editoriales de otros lugares del país y nos impulsa a ser una Editorial con un nivel de desarrollo comparable a la de Buenos Aires, Litoral, Jujuy, Mar del Plata, Quilmes, Córdoba, Río Cuarto, etcétera. Tengo la certeza de que ese nivel que puede aportar Eduvim contribuirá a elevar los indicadores no solo de producción de libros en la ciudad sino también de calidad. Esto seguramente será posible si todo el círculo que hay alrededor del libro tiende a completarse: por ejemplo, que algunas de las imprentas de Villa María con una clara capacidad de modernización se decidan a darle al rubro del libro una importancia que hasta aquí, al parecer, no le han dado y realicen algunas inversiones, implica también, la toma de conciencia de profesionalizar los recursos humanos que la ciudad tiene: que los editores asuman riesgos y contribuyan a formar un espacio profesional de la edición, generando también un mercado interno de libros con colecciones económicas, donde los libros salgan corregidos y con diseños atractivos más allá del mercado interno. Para completar rápidamente el panorama: más libreros, más lectores, más periodismo especializado…

—¿Qué opinión le merecen las ediciones de autores muy comunes entre los escritores locales?
—Las ediciones de autor son algo muy valioso: muestran el convencimiento que ese autor ha tenido en su obra. Prefiero una obra de autor, con limitaciones, con errores, con defecciones y no el autor inédito por siempre. Sin embargo, las ediciones de autor tienen un gran problema y es que detienen el crecimiento de un mercado editorial. Por lo general el autor hace su edición, trata de vender unos pocos libros para pagar la edición y después, inunda el mercado con libros regalados. Y entonces, todo el convencimiento que tenía en un primer momento de sacar su libro, de poner dinero de su bolsillo para que el libro saliera, lo derrocha ahora cuando lo termina regalando. La próxima vez los que pagaron por el libro van a decir, “para qué voy a pagar por el libro de tal si después de un tiempo me lo regala…” Los autores no deben regalar libros. Los autores deben fomentar que sus libros se vendan. Como Editor pretendo que los autores no regalen sus libros y yo, como contrapartida quiero garantizarles a los autores que sus libros saldrán a precios razonables… Mi desafío es que los libros de Eduvim sean accesibles a la gran mayoría de los lectores.

—¿Cuál es la estructura actual y cuál la que proyecta Eduvim?
—La estructura de Eduvim es aún mínima. Sin embargo, tampoco pienso en una estructura sobredimensionada. Pienso que hay que ser responsable del uso que le damos a los dineros públicos. En ese sentido, sostengo que desde la UNVM debemos potenciar los recursos humanos que tenemos para que la ecuación sea: producir con los mínimos de los recursos los máximos resultados. Eduvim debe dar muestras de una eficiencia no sólo económica sino de responsabilidad institucional. Eduvim tendrá una estructura de coordinación y de producción mínima y potenciará a través de la tercerización todos los trabajos que son inherentes a la publicación de libros.

—¿Dónde se imprimirán los textos?
—Como usted sabe, la administración del dinero público tiene mecanismos muy estrictos de control. Nuestro desafío es reunir la justa proporción entre calidad y precio. Con el desarrollo tecnológico del mundo de la impresión, no tiene sentido que la UNVM invierta dinero en máquinas para imprimir. Tenemos a mano muy buenas imprentas del Estado y muy buenas empresas en Córdoba y Buenos Aires que nos garantizan calidad y costos razonables. Mi deseo es que las industrias del rubro en Villa María inviertan y se coloquen a niveles operativos similares a los de Buenos Aires y Córdoba. Sabemos que si bien esas grandes industrias gráficas de Buenos Aires y Córdoba están en mejores condiciones de brindarnos precios y calidad, estamos dispuestos a apoyar emprendimientos regionales que se acerquen a nuestras necesidades. Vengo de La Rioja: hace diez años allá no se hacía más que fotocopias y duplicaciones defectuosas. Cuando había que imprimir un libro, los autores se venían a Córdoba. Hace unos seis o siete años se creó la ley del libro y la industria gráfica de la ciudad creció de tal manera que no tiene nada que envidiarle a Córdoba, Rosario o Tucumán. Espero que en Villa María eso ocurra en la próxima década. El desafío está planteado.


 Transitando los caminos de la historia - Nota Nº 137
Adiós al historiador Ricardo Capdevila 
Escribe:  Jesús Chirino 

Hace pocas horas llegó la triste e inapelable noticia. El día 9 de este mes, en el cual se celebra el día del amigo, murió el historiador antártico Ricardo Capdevila. 
Nació el 3 de agosto, hace 72 años, en Villa María. Durante algunos años de su infancia correteó por las calles de la vecina Villa Nueva. Si bien hacía más de treinta años que se había radicado en la localidad de Ituzaingó, provincia de Buenos Aires, nunca dejó de visitar sus queridas ciudades cordobesas. Solía recordar con orgullo que, por parte de su mamá Asunción Reyno, era nieto de de Manuel Reyno, quien fuera intendente de nuestra ciudad entre 1910 y 1913.
 
Contacto con la Antártida

Ricardo estudió en la Universidad de Buenos Aires graduándose de abogado, pero desde la juventud se relacionó con la Antártida. 
Cuando cumplía con el servicio militar obligatorio le tocó ejercer como ayudante científico en las heladas aguas de la Antártida Argentina. La pasión por aquella especial geografía lo atrapó de manera tal, que ni el temor vivido en un grave accidente sufrido allí empalideció su amor por el suelo antártico. Sabía contar aquel percance mencionando que, como huella, le había dejado cierto temor a los lugares cerrados. Decía que siendo soldado se había caído en una grieta de los hielos antárticos debiendo permanecer allí por el lapso de 14 horas, hasta que lograron rescatarlo. Quién sabe qué tipo de pacto hizo en aquellas congeladas profundidades que a pesar de tener una operación de cadera, problemas en las rodillas y los años que se iban sumando, nunca dejó de visitar el gélido paisaje. Su última visita a los hielos del sur la realizó en enero de 2007. En octubre se enfermó. 

Dos villamarienses antárticos

Con el tiempo, aquel joven soldado pasó a ser toponimista en el Servicio de Hidrografía Naval. Luego de investigar el origen de los nombres de diferentes lugares geográficos de la Antártida, redactó y publicó el primer tomo de la Toponimia Antártica Argentina, cuya edición estuvo a cargo de ese organismo. 
Es indudable que el blanco de aquel paisaje había cautivado para siempre los sentidos de este cordobés que ataría su vida al estudio de esa increíble geografía. Pero la Antártida hacia años había enamorado a otro villamariense que estudiaría sus hielos. Era el glaciólogo César Augusto Lisignoli quien nació en nuestra ciudad en el año 1915. 
En 1981, año en que murió Lisignoli, se inauguró en Villa María el Museo Antártico de la ciudad que llevaría el nombre del glaciólogo. Ricardo Capdevila fue una de las principales personas que sumó su esfuerzo para que la ciudad contara con un Museo Antártico.

El científico

Ricardo fue un destacado estudioso de la realidad antártica, entre las tantas funciones que ejerció podemos recordar que fue profesor, investigador, representante científico y director del Instituto Antártico Argentino. Este hombre sencillo, de sonrisa amplia y mano extendida para los amigos, también fue curador del Museo Antártico Argentino durante más de 20 años. 
Quizás una de las tareas que más le apasionó en su carrera, fue la preservación de algunos lugares en la Antártida Argentina considerados “Monumentos Históricos”. La restauración y el mantenimiento de los mismos es recomendada en las disposiciones del Tratado Antártico. Nuestro país logró cumplir con su responsabilidad en relación a la preservación de esos lugares  mediante el trabajo del equipo que integraba Capdevila. 
Uno de esos lugares está en la isla Cerro Nevado. Más al sur, la cabaña de madera donde invernaron durante dos años el sueco Otto Nordenskjöld y el argentino José María Sobral junto a cuatro compañeros, en los años 1901-1903. 
Otro lugar de cuya preservación se ocupó Capdevila es la cabaña de piedra que ocuparan los náufragos del barco “Antartic”, aprisionado en los hielos cuando se dirigían a relevar la expedición de Nordenskjöld.

Un gran historiador 

Ricardo Capdevila, padre de cinco hijas mujeres y un varón, fue distinguido por el Gobierno de Suecia con el título de “Caballero de la Orden de la Estrella Polar”. 
También fue presidente del Instituto de Investigaciones Históricas de Tierra del Fuego y Secretario Permanente de los Encuentros de Historiadores Antárticos Latinoamericanos.  A lo largo de su prolífica carrera escribió numerosas obras entre las que se pueden mencionar “Islario”, “Argentina en la Antártida” (Tomo I), “Antártida, más allá del fin del mundo”, “Argentina en la expedición sueca del Dr. Otto Nordenskjöld”. Junto al historiador Santiago Comerci publicó “Historia Antártica Argentina”; “Historia del Instituto Antártico Argentino” y “Orcadas del Sud, 80º aniversario”. 
En las obras de Capdevila puede notarse la labor del erudito en el tema y la dedicación puesta de manifiesto en el trabajo de campo que le llevó a revelar documentos sobre la historia del continente blanco que no eran conocidos. 
Su dilatada y prestigiosa carrera hizo que se lo considere uno de los científicos que más ha trabajado en relación al desarrollo de la historia antártica argentina. 

El adiós

En los últimos años, cuando visitaba Villa María en su calidad de curador de los Museos Antárticos, se apenaba por el deterioro que iba resintiendo el Museo Antártico que se había fundado con el nombre de glaciólogo Lisignoli, a quien él calificaba como un “héroe nacional de los antárticos”.  En una de esas visitas, en agosto de 2002,  EL DIARIO publicó una nota donde hablaba de su dolor por el poco interés que el Gobierno municipal ponía de manifiesto por el museo. 
Según el mismo Capdevila, el Gobierno municipal había pedido apoyo para que tres periodistas locales viajaran a la Antártida, pero “no se ocupaba de mantener en condiciones la sala". 
En ese tiempo el abogado Aldo Paredes, funcionario municipal, le había dicho “que haría todo lo posible por rearmarlo" (al museo). Cosa que nunca hizo. Luego vendrían más entredichos con otros funcionarios municipales, como Rubén Ruedi, pero la sala del museo se fue convirtiendo en un depósito donde se apilaban objetos. 
Ricardo Capdevila ya se ha marchado, el Museo César Augusto Lisignoli también ha desaparecido físicamente y ya no está en ningún lugar.
Ricardo, que en vida fue un historiador dedicado a su trabajo, nunca habría querido escribir la muerte de una de las pocas salas museística sobre la Antártida que existían en Argentina. 
En esta nota le decimos adiós a quién nunca más le podremos estrechar la mano, quizás algún día podamos recorrer la sala de un Museo Antártico reorganizado.


El Diario viajero - Destinos - España - Madrid
El umbral de Europa
La capital española es la puerta de entrada para la mayoría de los latinoamericanos que se dirigen al viejo continente. Desde esta plataforma, la admiración se multiplica. Una ciudad extraordinaria, colmada de bellezas y tradición ibérica
Escribe
 
Pepo Garay
Especial para EL DIARIO
 
Barajas es un monstruo. El principal aeropuerto de España tiene dimensiones sorprendentes. Es casi una ciudad dentro de otra. Sus cuatro terminales ocupan una superficie de un un millón de metros cuadrados, convirtiendo al establecimiento en uno de los mayores del mundo en su tipo. 
Todos los días, miles y miles de pasajeros de alrededor del globo llegan y salen, despegan y aterrizan, vienen y van. La ajetreada cotidianeidad encierra una significación especial: aquí se erige la puerta de entrada para la mayoría de los latinoamericanos que visitan Europa. El umbral del viejo continente, por lógica, es el encargado de comenzar a echarnos en cara todo el desarrollo y el poderío de aquellas tierras, hoy no tan lejanas. 
Azorados frente a las primeras diferencias, tomamos el metro hacia el centro de la ciudad, distante a 12 kilómetros de allí. La velocidad y la comodidad del convoy reducen las distancias de manera sustentable. Todo a nuestro alrededor parece funcionar de maravillas. No quedan dudas: estamos en el primer mundo. 

El listado interminable
Pero además de deslizar síntomas del progreso europeo, Madrid ofrece una serie de atractivos históricos de invalorable interés. Desde el mismo epicentro de la península ibérica, la ciudad se encarga de administrar un surtido de reliquias para coleccionar en la memoria. 
De bastión de los Austrias, con sus grandes monumentos típicos del siglo XVI, al neoclasicismo imperante en el XVIII, con reformulaciones propias del modernismo global. La metrópolis abarca gamas muy variadas, estampadas a lo largo del espacio central. La Puerta del Sol, célula del encanto madrileño, conforma el terreno ideal de la capital. Sus meritos se concentran en la galanura del entorno, ambientado con edificios sublimes, como la Casa de Correos. Desde ese punto nacen callejuelas que se bifurcan de manera uniforme por las adyacencias. La esencia española fluye entre las peatonales, repletas de almacenes decorados con jamones y bares de tapas. 
Después, la lista de objetivos del viajero se vuelve interminable: Plaza Mayor, Fuente de la Cibeles, Palacio Real, Palacio de Comunicaciones, Plaza de Oriente, y por supuesto, la célebre Puerta de Alcalá. Y eso es solo el comienzo. En algunos momentos de la recorrida, pareciera que el acopio de prodigios de Madrid es inagotable. 

Un día con los toros 
Tarde soleada en las Ventas. El público es puro bullicio, desplegado en los más de 25 mil asientos que ofrecen los tendidos. Todo el mundo se pone de pie para aplaudir a un señor de impecable apostura, que hace su triunfal entrada impregnado de rojo y dorado. Ahora, el ingreso del animal se torna inminente. Las banderas nacionales decoran orgullosas el escenario. El aire huele a España. 
Las Ventas obliga la visita. Aquí también desborda el carácter de la madre patria. La plaza de toros más grande del país representa una importante porción de tradición local, a partir de la fascinación por las corridas. Estas se desarrollan a lo largo de casi todo el año, pero es durante la Feria de San Isidro (de mayo a junio) que adquieren su punto álgido. 
Más a aya de estar a favor o en contra de la practica, es admirable la pasión con la que los ibéricos viven estos acontecimientos. Vale la pena tomar nota del suceso. Estar atento a cada detalle. Porque después de uno minutos, el contagio será absoluto. Y el viajero, casi sin darse cuenta, se habrá convertido en un madrileño más. 


Ruta alternativa
El atraco de los belgas
Escribe
El peregrino impertinente
 
Estoy indignado. El hurto ya no conoce de fronteras. Ni de nnacionalidades. Ni de religión. Ni de credo político. Da lo mismo que sea cura, colchonero, rey de bastos, caradura o polizón. Hoy en día cualquiera te puede robar. Y si estas de viaje, con mucha más razón.
Ocurrió hace pocos días. Fue en un hostel de Córdoba, una triste mañana de marzo. Me levante radiante, dispuesto a creer una vez más en este mundo hostil. Iluso de mí.
En la cocina me encontré con un empleado del lugar "¿No viste la bolsa de facturas que dejé en la mesada para el desayuno?", me preguntó. "Ni idea", respondí ¿Habrá sido un robo?. 
A los pocos minutos fui en búsqueda de la heladera. En su interior tenía (o debería haber tenido) dos deliciosos sanguches de milanesa. Los había preparado con gran esmero la noche anterior. Pero no estaban. Busque y rebusque. Primero con optimista calma. Luego con angustiosa desesperación. No. No se encontraban allí. A esa altura, las primeras dudas se habían disipado: alguien había sustraído las facturas del desayuno y mis estimados sanguches de milanesa. 
 
No es digno
Me uní, por pura conveniencia, a la preocupación del empleado. Debatimos. Intercambiamos ideas, pistas, presentimientos y finalmente, conclusiones: El delito había sido cometido por dos extranjeros. Fueron los únicos en levantarse antes que nosotros. Y ya se habían marchado. Los gringos en cuestión eran belgas ¡Belgas! ¿Llegan a comprender lo dramático del asunto?
¿Cómo puede ser que un belga se robe un botín tan vulgar? No es digno ¡Con lo abultado de su capital! ¡Con lo desarrollado de su sistema educativo! ¡Con lo obscenamente mayúsculo de su PBI per cápita! Yo puedo llegar a comprender un acto así de parte de un hondureño, de un argentino, de un colombiano desesperado. ¡Pero de un belga! Malditos sátrapas del viejo continente. Primero se llevan la plata. Luego el petróleo. Después la tierra. Y ahora una bolsa con facturas y mis dos sanguches de milanesa. La historia sigue empecinada con nosotros. Triste devenir.